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Pastoral Juvenil Vocacional Salvatoriana de Venezuela

 

Resolución sobre Nuestra Comunidad Apostólica

 

 

“Que todos sean uno

para que el mundo crea que Tú me has enviado…”

 

A fin de ser auténticamente Salvatoriano e invitar a otros a serlo, nuestra vida consagrada en comunidad debe ser testimonio de una comunión de amor, impulsar nuestra misión, y ser flexible a nuestros apostolados, apoyar a los miembros en sus trabajos y ministerios y manifestar nuestro carisma. Para lograr eso, estamos llamados a renovar nuestra vida en comunidad. Hoy los Salvatorianos de todo el mundo vemos que esta renovación puede continuarse mediante las siguientes iniciativas:

 

·      Cultivamos formas de oración comunitaria centradas en Cristo, que sean el hilo conductor de nuestra identidad apostólica y que estén enraizadas en una reflexión compartida de nuestra experiencia de Dios en la Palabra, la Eucaristía y el apostolado. (C 401-403; 501-504).

·      Enfatizamos en la formación inicial y permanente que nuestra vida y servicios en la comunidad tienen un valor apostólico en sí mismos, que cada individuo está llamado a comprometerse en las necesidades y apostolados comunitarios, y que cada actividad apostólica individual debe expresar nuestro carisma. (C 311,326).

·      Valoramos nuestras reuniones comunitarias por su capacidad de enriquecer y fortalecer nuestros vínculos como comunidad de fe, es decir: por su calidad y regularidad y no solo por su cantidad o larga tradición. (C 406).

·      Creamos ocasiones a fin de expresarnos mutuamente nuestra necesidad de perdón y reconciliación, de tal manera que respetemos y aceptemos más plenamente la individualidad de cada uno. (C 309,326,404,405,509).

·      Utilizamos todos los medios apropiados que nos puedan ayudar a comunicarnos y dialogar de una forma más efectiva, a intercambiar experiencias y asuntos personales, así como a darnos y recibir apoyo mutuo. (403,405).

·      Abrimos nuestra vida comunitaria a una integración más plena con la Familia Salvatoriana y a relaciones más profundas con hombres y mujeres que tengan aspiraciones apostólicas y espirituales similares a las nuestras, a la vez que respetamos las diferencias de estilos de vida. (C 107-108).

·      Evaluamos la sencillez de nuestro estilo de vida e integramos a través de una mutua interacción nuestras comunidades en la realidad de las personas a las que servimos, conscientes de nuestra obligación de ser solidarios con los pobres. (C 315, 403).

·      Formamos a nuestros líderes a fin de que consideren su papel como un servicio y una responsabilidad compartida, nos comprometan en el diálogo en el discernimiento comunitario y en una planeación apostólica, así como a poner en práctica las iniciativas de esta resolución (C 324-326; 405,406; 701-704).

 

En nuestros esfuerzos por renovar nuestra vida comunitaria, nos inspiramos en los Apóstoles en Pentecostés: "Se dedicaban unánimes a la oración, junto con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús y sus hermanos... Cuando llegó el tiempo de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar, y se llenaron del Espíritu Santo comenzando a hablar en diferentes lenguas, en las que el Espíritu Santo les invitaba a hablar".  (Cf Hch 1,14; 2,1-4).

 


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